viernes, 7 de agosto de 2015

El Humanismo y La Educación

Se conoce como Humanismo a aquel movimiento intelectual, artístico y filosófico que tuvo lugar en el siglo XIV en la península itálica, estrechamente vinculado al Renacimiento y que proponía el retorno a una formación íntegra del hombre, en la cual todos los aspectos remitiesen y estuviesen fundados a partir de las fuentes clásicas grecolatinas, es decir, básicamente, su tarea sería la de restaurar todas aquellas viejas disciplinas que tuvieron lugar en el espacio temporal que mencionamos adoraban los integrantes de este fenómeno y entonces de esta manera, al conocerse y comprenderse mejor a estos autores, a los que a propósito se los consideraba un modelo de humanidad a seguir, puro y que no se encontraba contaminado por la oscura y viciosa Edad Media.

           El humanismo surgió como una imagen del mundo al término de la Edad Media (Villalpando, 1992). Los pensadores humanistas fueron entonces intérpretes de nuevas aspiraciones humanas impulsados por la decadencia de la filosofía escolástica, cuyo centro de gravedad era la vida religiosa y la inmortalidad ultraterrena. El humanismo vino a sustituir esa visión del mundo con la reflexión filosófica abundante en productos racionales, en la que primaba la idea del hombre como ser humano, verdadero e integral.

           Así, a partir del Renacimiento se instaura un nuevo pensamiento pedagógico: ideas y doctrinas de elevado sentido humanista definen desde este momento el carácter y el valor de la educación, que adquiere de ese modo las cualidades de liberalismo, realismo e integridad. En ese caso, el liberalismo reconoce el valor de la persona del educando como la parte más significativa en su formación tanto como la autenticidad del hombre. Dicho reconocimiento se vuelve patente, entre otras formas, con la supresión de los castigos corporales. A su vez, el realismo reconoce la naturaleza del educando como punto de partida para su educación, además de tomar en cuenta el ambiente donde éste se desenvuelve. Por último, la integridad se refiere a la amplitud de la educación y a la consideración del educando no solamente como un ser que debe adquirir brillo para su persona o para cultivar aquello en lo que tenga capacidad, sino que también lo contempla como un ser con alma, como un conjunto de potencialidades, las cuales es preciso hacer que se desarrollen.

       De acuerdo con el paradigma humanista, los estudiantes son entes individuales, únicos, diferentes de los demás; personas con iniciativa, con necesidades personales de crecer, con potencialidad para desarrollar actividades y para solucionar problemas creativamente. En su concepción, los estudiantes no son seres que sólo participan cognitivamente sino personas con afectos, intereses y valores particulares, a quienes debe considerarse en su personalidad total.

           Gobernar almas no es el propósito final del docente humanista, sino formar a los estudiantes en la toma de decisiones dentro de ámbitos donde prime el respeto a los derechos de la persona, y donde lo justo y lo injusto, como dogma, se cuestione.

         Para finalizar, se podría suponer que al hablar de una educación Humanista, implica hacer referencia a aquel tipo de Educación que pretende formar integralmente a las personas como tales, a convertir a los educandos en miembros útiles para si mismos y para los demás miembros de la Sociedad. En tal sentido es preciso considerar la enseñanza de normas, valores y creencias que fomenten el respeto y la tolerancia entre las personas; por lo tanto, sin estos conceptos claros, no podríamos hablar de Educación.




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